Micropolitizaos malditos!

La semana pasada Sofia Coca me hizo una entrevista en Radioactivos, el programa de radio de Zemos98, que se puede escuchar aquí.

Reinventar la vida cotidiana”, que decían los situacionistas. Enfrentarse a la vida asumiendo la dimensión política de lo cotidiano. Apreciar el valor de las cosas pequeñas como construcción del presente y del futuro, como arma subversiva ante los mecanismos controladores del poder. Hablamos de micropolíticas, porque lo personal es político. En este programa encontraréis las voces de María PTQK, Cristina Domínguez que homenajea a Pina Bausch y Jessica Romero que nos recuerda que en la poesía se esconden pequeños gestos .

Estuvimos hablando de los espacios invisibles de la micropolítica, la reinvención de la vida cotidiana, la “crisis de los movimientos”, el sentirse minoría y alguna confesión. Y aquí va otra: de mayor-mayor quiero ser tertuliana y dedicarme a rajar mientras tomo café y fumo cigarrillos en una terraza (el otro día la terraza era la de Natxo Rodriguez antes de la Kalegira de Asamblea Amarika, recorrido punk-festivo para todos los públicos por la ciudad de Vitoria).


Recetas para la deriva cotidiana: Makea tu vida.

Aprovecho para recuperar la entrevista en texto que me hicieron también los Zemos98 hace ya más de un año, después del taller “Ni rastro de carmín” sobre activismo y punk y situacionismo y mitologías del arte politizado que dirigí en la 10ª edición de Zemos, en 2008. La copio y pego tal cual la encuentro en mis archivos pero añadiendo hipertextos (palimpsesto, remix y memoria). Hoy toca ego trip.

Dadaísmo, situacionismo y punk, ¿mitos o realidades?

Los mitos son completamente reales. Uno de los objetivos del taller de activismo era precisamente este: demostrar que no existe algo como “la verdad” o “la objetividad” sobre todo desde un punto de vista histórico. Lo que existen son narraciones vencedoras y narraciones fracasadas, es decir, mitos que logran hacerse camino y ser “productores de sentido” y otros que no. Y esto normalmente depende de las circunstancias que los rodean: quiénes son sus autores, con qué fines se han creado esas narraciones, etc. Los mitos como productores de sentido son un reflejo de las relaciones de fuerza.

¿Cuál es la importancia del archivo para el activismo hoy?

Siguiendo con lo que decía antes, es enorme porque nos permite seguir la pista de las ideas: su nacimiento, su evolución, sus transformaciones. Pero tampoco hay que idealizar el papel del archivo porque es también un instrumento para “escribir la historia”: lo que se archiva ha existido y lo que no se archiva no. Por eso es importante de-construir permanentemente el archivo, la memoria, los propios mitos. Y ser capaces de inventarse otros nuevos. Decía en el texto de presentación del taller que “una comunidad incapaz de producir relatos sobre sí misma y sobre el mundo es una comunidad condenada a desaparecer”. Es importante mantener viva la capacidad de inventar, de imaginar otros lenguajes, otras referencias. Para mí en este camino han sido grandes compañeros tanto la teoría hacker como el ciberfeminismo. Ambos cuestionan las relaciones de autoridad, son radicalmente irreverentes. Tienen algo del “matar al padre” freudiano que es una metáfora muy bonita para marcar el paso hacia la emancipación. Trasladado al campo de las ideas significa que para desarrollar un pensamiento emancipado, liberador, hay que revisar todos los lugares comunes, los puntos de referencia, especialmente los que nos dan mayor seguridad. El pensamiento es un deporte de riesgo.

¿Qué discusiones plantearías entorno a la relación entre las cuestiones de género y el ciberactivismo?

Creo que es sobre todo una cuestión de “metodología”, es decir, que no tiene tanto que ver con los contenidos o las temáticas que se abordan (las mujeres, el software libre, la democratización de los medios) sino con las herramientas de pensamiento y acción que se utilizan en ambos casos. Es lo que comentaba en la pregunta anterior: esa actitud de crítica permanente, de ruptura de las reglas, de desconfianza sistemática hacia todo lo establecido.

Siguiendo con este razonamiento, creo que en un momento el ciberactivismo se ha quedado sin inspiración, en punto muerto. Sobre todo a partir de la web 2.0 que ha realizado el sueño de los medios tácticos “don’t hate the media, become the media” en un sentido muy distinto al que se esperaba. Hoy es realidad que cada cual puede hacer “su propia televisión”, “su propio magazine”, etc… pero la mala noticia es que 1. las aplicaciones que lo han hecho posible son propiedad de grandes corporaciones mediáticas (cada vez más poderosas y más concentradas) y 2. que esa apropiación de los medios no ha producido un uso más crítico de los mismos sino al revés: un uso que replica el lenguaje y los contenidos de los mass media más casposos (como los millones de videos en You Tube sobre las borracheras de Amy Winehouse).

Aquí es donde el pensamiento de género puede tomar el relevo, poniendo al servicio de los medios tácticos la metodología feminista más radical. El papel del ciberfeminismo hoy ya no puede ser sólo el de cuestionar la posición o la imagen de las mujeres en la cultura digital, tiene que ir más allá y cuestionar todo lo que tiene que ver con “los y las” que quedan fuera de los paradigmas económicos de la sociedad del conocimiento. Por ejemplo: la producción del hardware en países pobles y en condiciones infra-humanas y de explotación; la dependencia energética (¿qué revolución ciberactivista vamos a hacer si no tenemos electricidad? ¿y de dónde viene ésta? ¿echamos un vistazo a los contratos de las grandes multinacionales españolas en América Latina?); las nuevas formas de trabajo inmaterial (cada vez más labores de programación se descentralizan a India, pero los beneficios siguen quedándose en Europa y Estados Unidos), etc.

El activismo digital no debe ceñirse exclusivamente a lo que ocurre dentro de las pantallas sino a todo el entramado de relaciones (económicas, geopolíticas, sociales) de la sociedad de la información. Y creo que para esto “los y las” feministas somos unos buenos agentes estratégicos porque estamos formados precisamente para ver lo que no se ve, para buscar segundas lecturas, para ponernos en la piel de los que “no están”. El feminismo es una excelente metodología de subversión. Pero cuidado, no quiero identificar “feminismo” con ”mujeres”: hombres y mujeres pueden participar de esta metodología, de este impulso de cuestionamiento radical (en el sentido de que va “a la raiz” de lo establecido). Sin perder de vista las cuestiones clásicas del feminismo (que sí son específicas de las mujeres) creo que el futuro del ciberfeminismo va por aquí.

No vamos a comprarnos una casa en la puta vida, no hay ni rastro de carmín, entonces… ¿Cómo reinventar la vida cotidiana?

En IKEA no desde luego 🙂 A mí ahora me está sirviendo bastante pensar en términos de “micro-política”. Es decir, la dimensión política de lo cotidiano, de los pequeños gestos, de las relaciones entre las personas, especialmente de las relaciones de poder (otra referencia de cultura feminista: “lo personal es político”). Tiene algo que ver con el pensamiento fractal (que también es muy ciber) en el sentido de que las estructuras de la vida son siempre las mismas, solo cambia el tamaño. Es decir, para pensar en terminos de “política” (entendiendo por tal lo que tiene que ver con “la gestión de los asuntos comunes”) no podemos obviar el modo en que se producen de hecho las relaciones de poder entre las personas. Intentar tener una vida cotidiana más sostenible y consciente (en lo material pero también en lo afectivo, en lo inter-personal) es un paso imprescindible para después pensar y actuar en un nivel superior.

Aquí hay un autor fundamental: Henri Lefebvre (….) que es bastante desconocido pero es clave en la filosofía europea del siglo XX. Fue expulsado del partido comunista francés e inspiró buena parte del pensamiento de Guy Debord (que basicamente no inventó nada pero supo copiar con muy buen criterio). Un visionario con una forma de pensar muy inteligente, libre y honrada que posiblemente no tuvo la capacidad de imponerse a la autoridad, de surfear las aguas de la competitividad y la hipocresía. Y en este sentido “fracasó” (aunque no del todo porque su obra está siendo recuperada). Igual es imposible querer reinventarse la vida y no “fracasar” pero también hay que relativizar lo que significan el éxito o el fracaso. Puede ser un buen paso para reinventarse la vida.

Una pregunta que quisieras que algunx de tus autorxs de referencia te contestara (de manera que intentaremos hacérsela llegar para que forme parte de este proceso)

Sigo con la cadeneta de referencias 🙂 En una entrevista Beatriz Preciado comentaba que Laurence Russel una vez le había preguntado “de qué vivía” (y que Laurence iba preguntando eso a mucha gente porque formaba parte de su investigación “ciberfeminista”). Me hizo pensar mucho. Tiene que ver con el tema de la micro-política de antes. Es sabido que dedicarse al arte, la cultura, el pensamiento no es económicamente rentable y que muchos artistas y activistas de hecho son rentistas, gente que vive de las rentas familiares (en el Pais Vasco es habitual). No es que eso desacredite su trabajo, en absoluto. Pero es un elemento importante para comprender cómo funciona realmente la producción cultural e intelectual (y que normalmente los autores no cuentan). Asi que mi pregunta sería “¿Usted de qué vive? ¿Cuál ha sido su trayectoria vital hasta llegar aquí?”. Y se la haría a los dos autores que más sigo en este momento que son Geert Lovink y Marina Grzinic.

Una pregunta para nosotros, los preguntantes.

Si vuestra vida fuera una película y vosotros fuerais el espectador ¿qué os gustaría ver en la pantalla?
😉

This entry was posted in feminismos, hacking, post-politicas. Bookmark the permalink.

1 Response to Micropolitizaos malditos!

  1. aurora says:

    Totalmente de acuerdo con hacer micro-política. Es increíble cómo cambias -y el entorno se reposiciona- cuando empiezas a tomar partido. Es una ola que arrastra voluntades, devuelve el “poder” a las personas entendido este como la “capacidad de hacer”. Mi experiencia es pequeña, ¡más micro que a nivel de barrio!, empezó por el colegio de los niños y poco a poco se va extendiendo a otros ámbitos cercanos… es muy interesante y no había pensado en que es a escala pequeña lo que podría ser a escala mayor. Gracias por el post.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *