La hora del movimiento viejista

A estas tipas de la foto les debía un post. Son las POWER (Pissed Old Women Engaged in Revolution), un pequeño colectivo de activistas de eso que en inglés se llaman ageing y que en español todavía no tiene un nombre particular. Normalmente ageing se traduce como envejecimiento de la población y se percibe como un problema económico -a ver quién nos va a pagar la jubilación a nosotros- o como un problema personal – qué hacemos con la abuela, qué haré yo con mis padres cuando me toque cuidar de ellos. Pero el ageing es algo más. El ageing es una forma de discriminación muy arraigada y que casi todos practicamos. Es el desprecio cultural hacia los viejos. Y sobre todo hacia lo que representan: el paso del tiempo y la finitud de la vida. Algo bastante poco inteligente teniendo en cuenta que, con suerte, todos llegaremos a ser viejos algún día. Las POWER clasifican los comportamientos ageistas en las siguientes categorías y dan ejemplos:

Categoría 1. Modelo Médico.
Es el que esconde la presunción de que los viejos son gente enferma y a punto de morir.
“Eres una activista política de 70 años y te encuentras en una manifestación con un compañero de 30 al que no has visto desde hace tiempo. Y te dice: Me alegro de que todavia estés activa. Él cree que el comentario es de lo más agradable. Pero no. De repente te das cuenta de que él te ve de una forma muy distinta a la que tú creías. Cuando te mira, en su mente el primer pensamiento es que te queda poco tiempo de vida, o de buena salud. Y no es que te moleste que te lo recuerden. Es que en ese momento entiendes que los demás -los que no son tan viejos- no ven lo que tú eres sino el terrible abismo en el que estás a punto de caer.”

Categoría 2. El modelo Servicio.
Normalmente la edad se asocia con la capacidad para dar servicios (la abuelita que hace bufandas para toda la familia) y/o para recibirlos (y/o que necesita que otros cuiden de ella).
“En una manifestación llevamos unas camisetas en las que pone: Las mujeres viejas son vuestro futuro. Uno de los organizadores se acerca y nos dice: Veamos si estas señoras necesitan algo. Llevamos pantalones cortos y pancartas, estamos en una marcha activista pero seguimos siendo señoras que seguramente necesitan que les echen una mano.”

Categoría 3. Modelo Embarazoso.
Es el más clásico: ser viejo es algo de lo que avergonzarse o que hay que disimular.
¿Le molesta si le pregunto por su edad?; Buenos días, joven (en plan broma); No, pero tú no eres tan vieja.

Categoría 4. Modelo Eres un/a Disminuida/o.
Una actitud que en otras personas despertaría entusiasmo o admiración (un comentario agudo, un gesto provocador), en el caso de los viejos provoca sorpresa.
Oh, qué graciosa.

Esta la añado yo. Categoría 5. Modelo lingüistico.
Hace unos años un profesor de antropología viejo y muy listo con el que hablaba de la situación de las personas mayores en las grandes ciudades, me corrigió: no se dice personas mayores, se dice viejos. Claro que se dice viejos. Decir personas mayores es una forma de discriminación modelo 3. Como lo que eres es tan horrible mejor le ponemos un nombre más clínico. Como a los vagabundos en Francia que los llaman con unas siglas: S.D.F. (Sin Domicilio Fijo). Con lo sugerente que es la palabra vagabundo.

Sé que las lectoras feministas (y los lectores feministos, que también los hay) reconocerán el paralelismo. Sí, ser viejo es como ser mujer. Son una especie de sujeto disminuido: tienen menos fuerza, son amables e inofensivos, lo que más les gusta es cuidar de los demás pero no pueden cuidarse solos. Y por supuesto como siempre, las viejas sufren doble discriminación: por viejas y por mujeres.

Descubrir a las POWER me ha hecho revisar la idea que siempre he tenido de mi vejez. Hasta ahora me la imaginaba como en una peli distópica de ciencia-ficción. Año 2058. Tengo 82 años. Estoy completamente gagá no me puedo mover y llevo pañales. Vivo en un gran hangar con otros viejos como yo. Para distraernos hasta que nos muramos nos dan mucha droga y nos enchufan a un programa de realidad virtual que reproduce situaciones bonitas de nuestra juventud, para que estemos formales y contentos. Por ejemplo estaría el programa Festival de Benicassim en el que vamos con nuestros amigos a bailar la música de nuestros grupos favoritos. O el programa Mi Primer Ikea en el que vamos con nuestros padres a comprar un armario de cartón. O el programa Interail en el que recorremos Europa con la mochilita. En fin, habría un menú con un montón de opciones, para todos los gustos (cuidado que es un negocio). Pero ahora ya no me motiva la idea de dejarme morir enchufada a una computadora y colocada de morfina. Ahora quiero ser como ellas. Quiero ser una activista del viejismo. También iba a dedicar este post a mi abuela, la única que me queda viva. Pero tampoco. Se lo dedico a todos los quieran ser viejos algún día y unirse al movimiento. Los viejos y las viejas seremos el futuro.

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