Futuridad ahora!

Garabateé más de 30 páginas tamaño libreta en la última Transmediale, estuve allí cada día desde las 11am, me lo chupé todo. Y ahora me encuentro con un montón de notas que se morfonden en mi disco duro y cada día que pasa son más candidatas a convertirse en eternos borradores. Sin más, ahi van.

Ese fue el lema de la Transmediale 2010, con punto de exclamación incluido. He tenido que buscar en el diccionario de la RAE la palabreja para asegurarme de que existía. Pensaba que era un neologismo pero no. Futuridad significa “condición o cualidad de futuro”. La explicación en inglés es más matizada (“la cualidad de estar en el futuro o ser del futuro”) pero en cualquier caso, hablar de futuridad y no de futuro a secas es ya un posicionamiento, cristalizado en el texto de presentación: “Hemos entrado en una era más allá de la retórica futurísta. La idea que teníamos sobre el futuro nos ha alcanzado y está atravesando una crisis de identidad. Fururidad ahora! te invita a crear nuevos modelos para el futuro y a preguntarte, no qué es lo que te depara el futuro a tí, sino qué es lo que le deparas tú al futuro”.

Hay que reconocer que la propuesta es inteligente. Deja claro que no estamos aquí para hablar sobre el futuro sino sobre la idea que tenemos de él. Una idea que, efectivamente está en crisis, entre otras cosas porque sigue siendo la misma que hace 60 años, cuando se forjaron esas utopías y distopías que con el cambio de siglo se nos han quedado viejas. En un año con un nombre tan sugerente como 2010 (¡2010!) aquí seguimos. Sin amigos extraterrestres, ni viajes interestelares, ni coches voladores, ni historias de amor entre humanos y ciborgs, ni anarquía post-atómica, ni retratos costumbristas de la vida en un refugio nuclear, esperando un desastre que no acaba de llegar o lo hace sólo de una forma desesperadamente tibia.


“White Noise” de Zilvinas Kempinas. Luz, cintas de video y un ventilador.

Igual el problema de la ciencia-ficción es que ha sido tan etno-céntrica y naïve como las películas de Hollywood. El planeta tierra era un mundo blanco de clase media y el único afuera que fuimos capaces de imaginar era de color verde neón y venía de otra galaxia. Y sin embargo, no: no hay un fin de la historia como quieren los neo-cons. Es seguramente el fin de la historia de un mundo pero no de todos los mundos. Así las cosas, la propuesta de la Transmediale, de pensar sobre el futuro como imaginario, nos evitaba caer en lo que realmente nos da pavor: pensar en el futuro como realidad y acabar hablando del presente. Bancarrotas, deshielo de los polos, terroristas barbudos en alfombras mágicas, envejecimiento de la población, centros de internamiento para inmigrantes, contratos de suministro energético entre Rusia, Africa y China, el superagente Chavez, el gatillazo de Obama…

Yo que soy una apocalíptica de salón (como todos los apocalípticos) hubiese preferido más droga dura, pero qué le vamos a hacer. La Transmediale es un festival de arte de su tiempo pero un festival de arte al fin y al cabo, que nos invita a descubrir una programación más que correcta, con sus aires de actualidad pero sin sobresaltos, y a disfrutarla desde la comodidad de la butaca, con unas cervezas frías y la languidez despreocupada de los buenos lectores de ciencia-ficción.

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