Teorías, moleculas, afectos. "Testo yonki" de Beatriz Preciado

Pero pero pero qué cosas me encuentro en mi sección de Borradores.

“Testo Yonki” de Beatriz Preciado se me ha inflitrado en la piel igual que a él los 50 miligramos de gel de testosterona que se aplica metodicamente durante los meses en los que escribe esta obra. Me ha dejado colocada y con una resistencia a la fatiga fuera de lo habitual. En “Testo Yonki” conviven la crónica de su protocolo (ilegal) de toma de testosterona, la historia de los primeros tiempos de su amor con VD, el duelo por la muerte reciente de un amigo escritor que también es su editor y un tratado de economía tecnopolítica posciberfeminista brillante (para colmo, está trufado de relatos sexuales en detalle y paseos nocturnos por París, para bajar el colocón). Lo leo igual que Beatriz recorre esa ciudad que también es mía: a zancadas.

Vamos al tratado. “Estamos ante un nuevo tipo de capitalismo caliente, psicotrópico y punk” y él le pone nombre. Es el régimen farmacopornográfico. A lo largo de las casi 300 páginas -cuando no está metida entre las piernas de VD- la Preciado desgrana los indicios de su aparición y sus características, apoyándose en 1- el gobierno biomolecular (fármaco-) y 2- el control semiótico-técnico (-porno). “Durante el siglo XX, periodo en el que se lleva a cabo la materialización farmacopornográfica, la psicología, la sexología, la endocrinología han establecido su autoridad material transformando los conceptos de psiquismo, de líbido, de conciencia, de feminidad y masculinidad, de heterosexualidad y homosexualidad en realidades tangibles, en sustancias químicas, en moléculas comercializables, en cuerpos, en biotipos humanos, en bienes de intercambio gestionables por las multinacionales farmacéuticas (…). No hay nada que desvelar en el sexo ni en la identidad sexual. La verdad del sexo no es desvelamiento, es sex design.

Y es economía política. ¿Qué es lo que se pone a trabajar en el posfordismo? Los filósofos de izquierda dicen: la vida. Las formas de producción que emanan de las capacidades humanas, sociales, de comunicación, de cuidado, de creatividad, de afecto o de conocimiento. Bien. Pero Beatriz dice: “la mayoría de estos análisis se detienen en su descripción de esta nueva forma de producción cuando llegan a la cintura“. El modelo de rentabilidad óptima de la nueva economía digital, el más perfeccionado, el paradigmático, es la industria de la pornografía en Internet. Inversión mínima, venta directa en tiempo real, producto único e irrepetible, satisfacción inmediata en la visita al portal. El ciberporno es el modelo de éxito para el conjunto de la economía cibernética.

Osemos la hipótesis: las verdaderas materias primas del proceso productivo actual son la excitación, la erección, la eyaculación, el placer y el sentimiento de autocomplacencia y de control omnipotente“. Y todos ellos son controlables por la industria farmacéutica que es, junto a la militar y la pornográfica, uno de los sectores líderes del capitalismo posfordista. “El verdadero motor del capitalismo actual es el control farmacopornográfico de la subjetividad cuyos productos son la serotonina, la testosterona, los antiácidos, la cortisona, los antibióticos, el estradiol, el alcohol y el tabaco, la morfina, la insulina, la cocaína, el sitrato de sidenofil (Viagra) y todo aquél complejo material-virtual que puede ayudar a la producción de estados mentales y psicomáticos de excitación, relajación y descarga, de omnipotencia y de total control“. El régimen farmacopornográfico no es el preponderante cuantitativamente pero es el modelo al que aspira el sistema de producción posfordista, el que no produce objetos sino ideas y formas de vida. “Se trata de inventar un sujeto y producirlo a escala global“.

Foucault, Donna Haraway, Deleuze y Guattari, Agamben pero tambien Hard y Negri y Virno, y por supuesto Derrida, Butler y De Lauretis. La lista de referencias es larga y atraviesa casi toda la historia de la filosofía contemporánea. Pero también, sobre todo, la vida privada de la autora (porque lo personal es político) que no se aplica Testogel para convertirse en hombre sino para testar un hacking al modelo farmacopornográfico con lo que constituye su plataforma productiva: el cuerpo, las sensaciones, los afectos y la sexualidad. Los de ella pero potencialmente los de cualquiera.

Más sobre “Testo Yonki” en mi texto Notes on Knowledge Economy.

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