Tecnología & Educación. Pero podríamos hablar de cualquier otra cosa


El órgano más misterioso del ser humano (excepto para algunos gurús de Internet)

Parece mentira que ya van para 5 años de blogera y aún no me tengo aprendidas las buenas prácticas más elementales, como anunciar mis bolos con un mínimo antelación. Bueno, pues hoy estoy resolutiva. El miércoles estaré en el centro de arte LABoral de Gijón dentro de las jornadas “Arte, ciencia, tecnología y nuevas prácticas artísticas II” dirigidas a profesores. El jueves le toca el turno a Melania Fraga que hablará sobre “MeipiAsturies. Cartografía Digital Colaborativa Ciudadana” y el viernes a Juan Freire con una ponencia sobre “Medios sociales y cultura digital: retos y opotunidades para la educación”.

La verdad es que no tengo ninguna gana de sumarme al canto de sirenas de que la tecnología nos hace a todos más listos. Ya sé que algunos tenemos que estar anunciando la revolución todos los días pero hay tanta euforia en el ambiente, tantas expectativas puestas en lo digital y tan poco rigor… Faltan datos (datos-datos), faltan métodos de evaluación, faltan terminologías, faltan análisis largos en el tiempo… Y sobre todo creo que falta mucha paciencia (y un poco de honradez también).

Un ejemplo de esto es la urgencia con la que se defiende la existencia de los famosos Nativos Digitales. Como si fuera la santísima trinidad. Pues francamente, y me importa un pito que los Microsiervos lo saquen en su blog: Victoriano Izquierdo sólo es un chico con talento para la fotografía. Mucho, sí. Y tiene cámara digital y publica sus fotos online. ¿Y? No es más que un genio precoz que utiliza los métodos de la época que le ha tocado vivir. Pero de su caso no se puede deducir un fenómeno generacional. Salvo que necesitemos pruebas a toda costa.

Jorge del Rio, citado por Genis Roca, define a los nativos digitales como los que a) se conectan cada día, viven online y producen contenidos y b) son menores de 44 años. Los que no cumplen ambas características son inmigrantes digitales. La condición a) es discutible pero la b) es total de pandereta. ¿44? No está tan claro que haya una relación directa entre brecha digital y edad. Hay muchos más factores que condicionan el acceso al conocimiento y la mayoría son de los de toda la vida: género, entorno familiar, nivel adquisitivo, ubicación geográfica. Pero incluso si la hubiera… ¿44? Ni 40 ni 45, no, no, no. 44 justos. Entonces, según este estudio ¿yo soy una nativa? Tengo 32 años, produzco contenidos, vivo intensamente online, es cierto. Pero yo no he crecido conectada al messenger. Yo he crecido con los tebeos y la televisión española de dos canales. Y aún recuerdo el día que mandé mi primer email. Lo siento por la estadística, pero yo soy una inmigrante digital.

Estrategias profesionales aparte, creo que nos estamos haciendo la picha un lío. Espero que el miércoles me toque un grupo hablador y los profes me cuenten cómo ven ellos las cosas, que por este lado también tenemos mucho que aprender. Claro que hay que analizar lo que pasa pero da la sensación de que hay muchas conclusiones sacadas de la manga. Conclusiones que no se sostienen con datos concretos y no pasan la prueba del más mínimo rigor científico (aunque sea el pseudo-cientifismo de las ciencias sociales). Deberíamos ser capaces de hablar de tendencias y orientaciones, de buscar buenos indicadores, de hacernos las preguntas adecuadas… Y dejar de tener tanta prisa por ser los primeros en responder.

Estoy post-utópica, una vez más. Será el bajón de la digital party que me repite 😉

Actualizando: aquí la presentación (disponible para descarga en Slideshare/ptqk).

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