El Nuevo Tempelhof

Ya he blogeado antes sobre el aeropuerto de Tempelhof, su historia, su cierre en octubre de 2008 y las acciones de protesta que reivindican el uso público de sus aproximadamente 300 hectáreas, un gigantesco espacio vacío al sur de Berlin. El pasado fin de semana, el folletín tuvo un nuevo capítulo, un capítulo histórico, anunciado, pero no por ello menos intrigante. Tempelhof, que desde el cese de sus actividades había permanecido cerrado excepto para algunos eventos puntuales, abría por fin la verja, transformado en un parque, según dicen, más grande que el mismísimo Central Park.

El asunto me interesa especialmente porque -los asiduos del blog igual lo recuerdan- mi casa se encuentra a pocos metros del antiguo aeropuerto, en el barrio de Neukölln, una de las areas directamente afectadas por el cambio. Cuando llegué aquí en diciembre de 2008, corrían rumores de que el metro cuadrado en Neukölln era el más barato de todas las capitales europeas. Igual lo sigue siendo, no lo sé, pero sin duda no por mucho tiempo. Para los que conocen Berlin, aclaro que no me refiero a la zona conocida como Kreuz-Kölln (un poco más al norte, junto al canal), que ya inició su proceso de gentrificación hace años, como extensión natural del bohemio Kreuzberg. El Neukölln del que hablo es el Neukölln-Neukölln y concretamente la zona situada en lo alto de la colina, junto a Hermannstrasse. Por citar algunos indicadores: aquí todavía no existen ni peluquerías modernas, ni tiendas de ropa bonita, ni cafés con wifi. Para tomar una cerveza marchosa casi la única opción es el Syndicat, un bareto de anarquistas anti-fascistas, de madera vieja, con billar, lleno de gente y de humo, abierto hasta tarde. Salvo en la arteria principal la mayoría de las lonjas están desocupadas y muchos pisos también. La población es mitad familias turcas, mitad familias alemanas con sus perros. Hay algunos locales de tufillo neonazi, es cierto, pero el día a día es de lo más apacible, como mucho algunos borrachos que regresan a casa hablando solos. Se sabía que los cambios eran inminentes (ya en diciembre una inmobiliaria compró toda mi calle y otras dos más) pero por lo demás la vida seguía como siempre, subiendo la cuesta en bici para tomar la última en el Syndicat.

Pues bien, he aquí que a esta entrañable aldea gala ha llegado un plan urbanístico. Como corresponde a todo proceso de gentrificación, hay que crear nuevos imaginarios. Por un lado, Neukölln ha empezado a salir en las revistas de ocio como el nuevo foco de la vida nocturna y artística de Berlin (cosa que por supuesto es falsa pero que puede acabar haciéndose realidad a fuerza de repetirla). Por otro, se ha recuperado un viejo nombre para distinguir esta zona del resto de Neukölln aún sin regenerar: Schiller Kiez, que define lo que hasta ahora no es más que un paquete de calles sombrías con un parquecito putrefacto y una iglesa a la que no va nadie. En los últimos meses ya han abierto algunas galerías y estudios de artistas muy low-key, al estilo downtown Manhattan de los primeros ochenta: iniciativas independientes, minoritarias, de perfil económicamente bajo pero culturalmente avanzado. Además, el parquecito putrefacto está en obras, las calles sombrías adornadas de flamantes carteles que dicen Se Alquila.

Aquí también, el papel de la inversión privada es imprescindible (más si cabe que en otras ciudades porque, debido a la peculiar historia de Berlin y los 20 costosos años de reunificación, las arcas municipales están al borde de la quiebra). Sin embargo, a diferencia de otros casos de regeneración urbana, la llamada al capital privado se disimula: el caso de Tempelhof no deja de dividir a la opinión pública y existen otros precedentes (como Media Spree y las aciones de protesta Spree für alle) en los que, debido a la movilización ciudadana, la adminstración ha tenido que dar marcha atrás y devolver el dinero a los inversores. Ahora vuelven con pies de plomo y un lenguaje renovado.

El parque. El grueso de la superficie, toda la parte central, está efectivamente destinada a ser un gran espacio verde que será financiado con un evento megalomaniaco tipo exposición universal pero en este caso, de parques y jardines: el GIA 2017. Hasta entonces no habrá árboles y el uso de las zonas verdes está escrupulosamente clasificado: aquí los perros, aquí las barbacoas, aquí los juegos de balón. Tenemos un parque, ciertamente, pero comparado con los otros parques de Berlin, este es un poco carcelario.

Las zonas residenciales. Los planos publicados por el ayuntamiento de Berlin (como el de arriba) se han diseñado de tal forma que parece que esas zonas de color marrón, que llaman “local neighborhoods” (barrios locales), son las casas de los alrededores, las que ya existen. Pero no. Estos “barrios locales” están fuera del perímetro del parque futuro pero dentro del actual, justo delante de las viviendas que hasta ahora tenían vistas al parque, que dejarán de tenerlas y pasarán a ser el patio trasero de las nuevas residencias, una especie de Park Avenue berlinés.

Los proyectos pioneros. Así se llama a las iniciativas de explotación del espacio de Tempelhof. En los paneles del ayuntamiento se explica la importancia del espíritu pionero en todos las transformaciones históricas que ha vivido la urbe y se anima a las personas con ideas emprendedoras a presentarlas para dar forma al Berlin del siglo XXI. En ningún momento se habla de inversión ni de capital privado. Es lo mismo, pero pioneros, desde luego, suena mucho mejor. La zona norte será para usos deportivos y culturales; la zona este para viviendas; la zona oeste para un proyecto que ya tiene nombre y mala pinta: “Science Creates Culture” (file under: 22@ barcelonés, zorrozaurre bilbaíno, etc.).

La terminal. Aquí el ayuntamiento y los inversores se enfrentan a otro escollo: la memoria del nacional-socialismo. De todos los edificios de arquitectura nazi que quedan en Berlin, Tempelhof es el más notorio, por su ubicación despejada y su tamaño monumental. Con la experiencia del puente aéreo en 1948-49, se desnazificó pero pasó a representar la división de Berlin en dos mitades y dos historias. De cualquier ángulo que se mire, Tempelhof es el símbolo de muchos malos recuerdos que la sociedad alemana no ha acabado de digerir. La estrategia pues, consiste en re-escribir su historia como una sucesión de momentos continuados, desde los primeros vuelos a campo abierto a principios del siglo XX hasta los nuevos usos programados en la actualidad. El Tercer Reich y la división son unos momentos más de la historia de Templehof, pero no los más relevantes.

Continuará (sin duda).

Mis fotos de Tempelhof.

Otros posts sobre Tempelhof:
Tempelhof auf vidersehen
Do you remember West Germany?

Otros posts sobre Berlin, su historia y arquitectura:
Fantasmas de Berlin I. La arquitectura posnacional
Fantasmas de Berlin II. ¿Qué estás mirando? ¿Nunca has visto un muro? (graffiti en el Muro de Berlin)

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